Untitled
Con los cascos a todo volumen retumbando verdades como puños y recorriendo el camino de vuelta acompañada por el constante oleaje, distingo de reojo miradas de curiosidad por el atuendo de cuero negro de pies a cabeza y un escote quizá demasiado pronunciado para la temperatura ambiente. Y aunque me había prometido dar un nuevo repaso a los apuntes de cardiofisiología, me quito las gafas y las cuelgo sobre la cremallera de la cazadora entreabierta. Quizá pareciera un gesto de lo más simple, pero con sólo ese detalle dejo de analizar el alrededor y los rostros apesadumbrados de mi sociedad, de mi realidad, mientras las siluetas borrosas me invitan a dejar llevar la mente hasta los lejanos recovecos que dibujan mis laberintos.
Contemplo el cielo, de un azul deslumbrante, fascinándome la forma de lejanas nubes, de sus curiosos esbozos, incomprensibles y subjetivos. Su inmensidad y abertura aparente pese a su profundo silencio, y sus secretos ocultos excepto para aquellos que, cuando todos duermen, permanecen en vigilia para vislumbrar el salpicado de luces que puede llegar a desprender, fuente de imaginación y sentimientos.
Y cuando mis pupilas descienden, reflejan el mar, en constante movimiento a pesar de la quietud que transmite, regido por normas de mecánicas de fluídos y concentraciones salinas, ambiente de vidas que se cuantifican de forma racional. Las olas, rompiendo contra los espigones, ocultan cualquier sonido que pueda disturbar, y sus aguas, en contacto con la arena, mantienen esa fuente de locura que puede ser un mar embravecido siempre de pies en el suelo.
Mas a lo lejos, en una línea invisible e indivisible, mar y cielo, tan distintos y a la vez tan parecidos, se encuentran y se funden, ajenos a miradas, a poetas, a tiempos y a espacios. Y por efecto óptico, un más intenso azul en mar que en cielo, devolviéndome el recuerdo de unos ojos llenos de agua que siempre permanecen en algún lugar de este entrañable cuerpo de circunvoluciones que es mi cerebro.
Campanilla se dejó atrapar por el cielo con el que se identifica para después dirigir los ojos hacia el mar y, para variar, atreverse a soñar con aprender a nadar.


1 espejismos:
Me has dejado sin palabras. Desde aquí, un aplauso y un abrazo sinceros, lo has conseguido. Me has emocionado.
Nos leemos.
Publicar un comentario en la entrada