Ego

Las yemas de mis dedos apuntan por un instante al techo, justo antes de hundirse con apetito voraz en aquello que devuelve mi mente a los recovecos de la realidad.
Cuando mis uñas son rojas, como ahora mismo, rojo chillón, exaltan mi soberbia, mi lujuria y mi envidia. Se arquea mi espalda con un suspiro ahogado; arañan esas mismas uñas piel o tejido, acallando la súplica de permanecer; el rostro se echa inconscientemente hacia atrás o a un lado, respiración entrecortada, desapareciendo todo atisbo de sadismo o cinismo en la mirada.
El descontrol me arrastra en su espiral, el silencio se quiebra mediante gemidos, entierro a mordiscos el sumirme en perfumes desconocidos y retrospectivas irracionales.
Cuando ambos pecados se hayan consumido en la devoradora vorágine, me dejaré tentar por la última manzana, que esboza mis sueños, mis más profundos deseos, que inspira mis silencios y mis palabras, que me enloquece de placer y es causa de mis peores pensamientos.
Esta noche me saciará el narcisismo.
Cuando mis uñas son rojas, como ahora mismo, rojo chillón, exaltan mi soberbia, mi lujuria y mi envidia. Se arquea mi espalda con un suspiro ahogado; arañan esas mismas uñas piel o tejido, acallando la súplica de permanecer; el rostro se echa inconscientemente hacia atrás o a un lado, respiración entrecortada, desapareciendo todo atisbo de sadismo o cinismo en la mirada.
El descontrol me arrastra en su espiral, el silencio se quiebra mediante gemidos, entierro a mordiscos el sumirme en perfumes desconocidos y retrospectivas irracionales.
Cuando ambos pecados se hayan consumido en la devoradora vorágine, me dejaré tentar por la última manzana, que esboza mis sueños, mis más profundos deseos, que inspira mis silencios y mis palabras, que me enloquece de placer y es causa de mis peores pensamientos.
Esta noche me saciará el narcisismo.

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