jueves, noviembre 05, 2009

Standing

Pequeñas gotas se acumulan en los rincones de la vestimenta de la cuentacuentos, empañándola con elegancia, dibujando su silueta. La historia ha dado un giro de 360 grados, como si un huracán hubiera pasado las hojas una tras otra, sin detenerse en detalles o recuerdos, encofrando los “nunca más”.

Llegar al final del camino, donde al puente le han cortado las cuerdas y amenaza con desprenderse en caso de que se le ocurra pisarlo. Vacío, mil espejos rotos, cientos de miedos, murallas infranqueables, tabiques reforzados, pequeña niña oculta en un cobertizo.

La paja que recubre el tejado arde, pero ella no se mueve.

Suicidio consentido, felicidad desconocida, deseo de detenerlo todo. Necesidad de respirar.

Sigues jugando a que la bisutería de chapado en plata sea platino, a que los pies descalzos estén recubiertos de zapatos de cristal.

No has cambiado. A pesar de todo.

Y la niña alza la vista hacia las llamas, quebrando su eterno silencio en un ruego por ser rescatada. Un grito estremecedor, a pleno pulmón, atravesando toda barrera autoimpuesta.

Por mucho que hayan intentado asesinarla, por mucho que ella la oculte tras su mirada impertérrita… la esperanza sigue viva.

viernes, septiembre 04, 2009

Punto y aparte


Sutura la herida. Ignora la escena. Coge la aguja, puedes hacerlo. Y ahora, cose. Cierra, acaba con esto, imita la verdad que se te ha transmitido.

Casi dos semanas sin dormir en mi propia cama: pronto me veré capaz de hacerlo. Pintar las paredes con un rodillo, cambiar la decoración, darle la vuelta al reloj. Pequeñas cosas que permiten los más amplios significados.

Archivar cosas que todavía seguían a la vista, borrar lo demás. Quemar el resto. Y ahora, sin nada más que el presente como equipaje, andar. En el fondo, dejar que la realidad se te muestre en todo su esplendor es la última bofetada. La más dolorosa, la que provoca una incisión tan profunda que te quiebra salvajemente. Pero la final.

Y la absurda pero evidente sensación de estar totalmente aislada. No habrá más golpes, se ha acabado la carretera. Por primera vez, abrir la ventana y sonreír.

Proceso de desintoxicación terminado.
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Las dosis de morfina quedan encerradas en un armario de forma indefinida. Posiblemente la enfermera vuelva a abrirlo dentro de un periodo no demasiado largo.

jueves, agosto 27, 2009

Chispa

Intenso, apasionado, devorador... pero efímero

Seguramente hayan sido unas horas. La verdad, una vez pierdes la cuenta del tiempo, no importa demasiado cuánto haya transcurrido. El bidón de gasolina había volcado mientras su dueña permanecía sentada sobre él sin tocar de pies en el suelo, contemplando como el líquido se escurría por las finas líneas de las baldosas hasta -con toda probabilidad-, perderse por la alcantarilla.

Y de pronto, una mirada. Unas palabras dichas en el momento oportuno. Una charla intrascente que deriva a la seriedad hecha letras. Confesiones, recuerdos, comparaciones.

La gasolina prende. Y a simple vista, parece incontrolable.

martes, agosto 25, 2009

Morfeo

Curiosas sean las coincidencias. Nunca creí necesario llegar a inyectármela yo misma para lograr este engañoso estado semiconsciente.

Por desgracia, sus efectos duran apenas dos o tres horas. Ahora me encuentro en periodo de descuento y no puedo afirmar con seguridad en qué momento terminará el plazo.

Así que exprimo la poca racionalidad que ahora mismo percibo entre mis dedos sobre un papel reciclado todavía amarillento por un proceso poco acurado. Y oprimo la hoja una y otra vez, la araño, intento arrugarla para hacer de ella una simple pelota con billete sin retorno en dirección a la papelera.

Pero en contra de todo pronóstico, cuanto más cerca está de ella, más rápido terminan los efectos de la droga opiácea que mantiene mi voluntad en pie. Y entonces suelto una sarta de improperios, recito la lista de insultos que conozco desde hace años, me muerdo el labio inferior y me doy cuenta de que el jodido proceso de desintoxicación no ha hecho más que empezar.

Las imágenes se antojan difusas y lejanas en mi cabeza, como si fueran simples alucinaciones que en algún momento provoqué voluntariamente y que ahora se tienen que barrer con un pincel mojado en tinta.

Al fin y al cabo, todo esto no son más que palabras borrachas de sentimientos.

Las falanges tiemblan, la angustia vuelve. Se acaba el tiempo. Mi propio dios del sueño chilla en un caótico cúmulo de colores, sensaciones y ansiedad.

Los efectos han terminado y debo alejarme antes de que todo regrese.

jueves, agosto 20, 2009

Nocicepción

El esfuerzo necesario para aferrarse a un pensamiento negativo.

Ésa es la definición metafísica de lo que comúnmente conocemos como "dolor". Aunque actualmente la ciencia diga lo contrario, creo que es cierto que ir en contra de aquellas emociones que nos son innatas, contra las que no podemos combatir, provoca sufrimiento. La resistencia, la represión de aquello que forma parte de nosotros mismos, puede llegar a ser la peor de las torturas.

Si eso lo sumamos a que nuestros mecanismos neuronales se preparan en modo ataque o defensa para afrontarnos, en muchos casos, a nosostros mismos, tenemos un cóctel moloctov capaz de inflamar cualquier mente, por fortificada, esquiva, o fría que sea.

¿Cómo combatir el propio cerebro sin morir en el intento? Mentir sólo causa más represión, más dolor, más oscuridad. Decir la verdad puede provocar que otros se vean obligados a resistirse a sí mismos. ¿Es todo tan complicado?

Silencio. Duerme, descansa. Mañana será otro día. Y bajo ningún concepto intentes combatir a tus sueños por mostrarte esa opresión. El subconsciente entiende más que la mente.